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La carne desapareció de sus muslos y mejillas. Sueños extraños aparecían ante sus ojos dilatados; en sus huesudos dedos crecían largas uñas, y del mentón le crecía una barba hirsuta y enmarañada. La mirada se le tornaba fría cuando una mujer cruzaba por su camino; la boca expresaba desprecio cuando atravesaba una ciudad con personas vestidas elegantemente. Vio negociar a los comerciantes y vio cazar a los príncipes; presenció el llanto de los familiares de un difunto; vio a las prostitutas ofrecerse, a los médicos preocuparse por los enfermos, a los sacerdotes determinar el día de la siembra. Observó el amor de los amantes, a las madres amamantar a sus hijos. Y todo ello no era digno de la mirada de sus ojos. Todo mentía. En todo había un hedor a hipocresía. La belleza, la felicidad, sólo eran ilusiones de los sentidos. Todo terminaría en la putrefacción final. El mundo era amargo; la vida dolor.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/